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Veo las cosas de otra manera

Miro detrás la estela de nuestro barco. Veo como va quedando atrás Chichimé, San Blas, nuestra casa, nuestro pequeño paraíso, donde hemos vivido durante un maravilloso año, para ir a Bocas del Toro y ahí, dejar reposar al JU. Hemos decidido tener al niño en España. Sentiré mucha nostalgia de la vida a bordo del JU, pero mi instinto me pide estar con la familia y los amigos.

Marc lleva unos días mirando el parte meteorológico hasta decidir cual es el mejor momento para partir. Son 198 millas para llegar a Bocas del Toro, pequeña travesía, pero en época de tormentas y con corriente de hasta 3 nudos en contra.

Tenemos todo a son de mar, que nervios… Que sensación tan especial volver a navegar, se me pone la piel de gallina. ¡¡Ponemos todas las velas, La mayor, la génova y como no la trinqueta!! Nuestra vela preferida. El viento sopla de S-E, por la aleta del JU. ¡¡Que bonito navegar a vela!!

Disfrutamos como niños de la travesía hasta llegar a Colón; unas 50 millas, luego tuvimos una corriente en contra espantosa. El JU no avanzaba… parecía que fueras marcha atrás. No dejábamos de ver la misma costa constantemente. El viento flojea.¡¡Era desesperante!! ¡¡Tuvimos que poner el motor!! ¡¡Aún nos faltan 148 millas!!!. No superamos los 3 nudos de velocidad.

Marc y yo nos entendemos muy bien a la hora de hacer guardias. Normalmente empiezo yo durmiendo. Cuando Marc está cansado y ve que todo está controlado me despierta, para mi guardia y poder descansar. Alternamos más o menos cada 4 horas. Está vez me dejó dormir más, (Marc me mima por mi embarazo) y me levanté para el cambio. ¡¡Me desperté a las 3:00h de la mañana, me encanta, todo se ha calmado, podré ver la salida del sol!! La mejor hora para poder disfrutar de la noche, hasta llegar al aclarecer del día con su multitud de colores.

Salgo a la bañera y ahí está nuestra perrita, Trufa. Me da un saludo muy caluroso, como si hiciera 1 año que no nos vemos!! Suspiro… esto no tiene precio; ella siempre está contenta. Me hace compañía y si tengo frío pongo mis pies debajo de su cuerpo. Una sensación buenísima cuando tienes el cuerpo calado de tanta humedad.

Mi guardia consiste en observar el viento, el mar, las nubes y el tráfico de otros buques. Si el viento va a más, o el mar viene más bravo, mi obligación es avisar al capitán, por si tenemos que rizar aún más las velas o cambiar de rumbo. Sufrimos por los culos de pollo y por las tormentas eléctricas. Un rayo sería nefasto para el JU!!
Que suerte la nuestra!! No paramos de esquivar frentes de lluvia y relámpagos!!! El JU se comporta muy bien!!
Durante toda la travesía tenemos unos amigos que nos acompañan. Pajaritos exhaustos. Son arrastrados mar adentro por las tormentas. Desorientados aparecen volando y buscando el continente. Se posan y se duermen una vez encuentran una posición cómoda. Marc y yo disfrutamos observándolos y haciendo fotos. Trufa también ha aprendido a no molestarles.
Cuando navegamos los dos, es un momento muy dulce, estamos muy compenetrados. Disfrutamos de nuestros momentos juntos y aún que estemos algo cansados, siempre nos hacemos unas risas.
¡Intentamos no perder el buen humor!
En mis guardias tengo una sensación de paz.. Puedo pensar con más tranquilidad. Yo, el mar y mi embarazo… ahora veo las cosas de otra manera.
No me he mareado, he cocinado, he hecho mis guardias como buena marinera e incluso he bailado escuchando Vanessa de Mata y Ben Harper “Boa sorte”. Ha sido una nueva experiencia navegar más de dos días, exactamente 50h, estando embazada de más de 7 meses. ¡¡Este niño tiene que ser marinero!!
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