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Un toque de atención

Después de casi 6 años viviendo en Panamá pensábamos que nunca llegaría el momento de dejar este país.

Zarpamos a las 9:30 a.m. de la Bahía de Panamá, con apenas 5 nudos de viento y con una previsión meteorológica nada alentadora. Calma total combinado con tormentas. Es lo normal en este tramo del Pacífico. Hay que cruzar el ecuador y la ZCIT (Zona de Confluencia Inter Tropical), conocida por sus calmas y por sus fuertes chubascos que a penas duran unas horas. La previsión hablaba de tormentas en la zona de la isla Malpelo, 5 días después de nuestra partida y a 300 millas aprox. Así que supuse que podríamos superar esta zona antes de la llegada de estas bajas presiones.

A los vente minutos de nuestra salida, navegábamos con todo el trapo arriba que el JU puede llevar, mayor, trinqueta y genaker impulsándonos a una trepidante velocidad de no más de 3,5 nudos. ¡Avistamos una ballena!

 

 

A las 3 horas de partir nos abandonó el viento, así que encendimos motor. Lo importante ahora era salir cuanto antes de la enorme bahía de Panamá y encontrar la corriente de las Galápagos. Durante el día pasábamos las horas jugando con Aleix, limpiando, cocinando etc… con toda normalidad, como si estuviésemos fondeados. Al llegar la noche, paramos el motor y nos quedamos al pairo. A la mañana del segundo día comprobamos que la corriente nos había hecho retroceder 10 millas durante la noche; ¡Que decepción! Encendimos el motor de nuevo. Durante el segundo día conseguimos salir de la bahía de Panamá pero todavía no sentíamos la corriente. El mar seguía en calma y yo empezaba a pensar que no podríamos superar la zona de Malpelo, donde en solo tres días la previsión hablaba de bajas presiones y tormentas. Decidí seguir toda la noche a motor para intentar encontrar la corriente favorable y avanzar más rápidamente.

A la mañana del tercer día se levanto una brisa de a penas 7 nudos que nos permitió navegar durante unas 5 horas antes de desaparecer y convertir el mar de nuevo en un desierto. Encendimos motor de nuevo. Sin embargo empezamos a ver muchos animales. Tortugas flotando, muchas. Tantas que teníamos que ir esquivándolas ya que están totalmente dormidas y no se percataban de que nos acercábamos. Muchas de ellas con piqueros en sus espaldas. ¡Muchos cangrejos! ¿Como puede ser? ¡Hay más de 2000 metros de profundidad! También grandes grupos de delfines dando saltos y piruetas. Llego de nuevo la noche y paramos motor.

 

Luna nueva. Las estrellas brillaban en el cielo, pero el mar? Parecía también un cielo que sostenía el JU como por arte de magia. ¡La bioluminiscencia era espectacular! El brillo de las estrellas reflejadas sobre el agua se mezclaba con la luz de pequeños microorganismos que centelleaban dentro de ella; y esas pequeñitas bolitas de color azulado eléctrico… Un espectáculo para la vista que nos hacia las guardias mucho más entretenidas. Costaba distinguir donde empezaba la superficie del agua.

 

Al día siguiente comprobamos que durante la noche al pairo ganamos más de 10 millas y eso significaba que habíamos entrado definitivamente en la corriente de la Galápagos. Pero tan solo en 48 horas y a una distancia de 100 millas tendríamos fuertes tormentas. Mandamos un mensaje a Mateu, nuestro meteorólogo personal buen amigo de la familia y mejor capitán, para saber si el parte seguía diciendo lo mismo. La respuesta fue casi inmediata y confirmaba lo que ya sabíamos. Empecé a preocuparme.

Durante esa mañana apareció el viento. Al principio muy suave pero progresivamente fue subiendo hasta llegar casi a los 20 nudos. No nos permitía ir a rumbo directo pero si navegar a mas de 7 nudos hacia el sur; justo lo que necesitábamos para dejar atrás la Isla Malpelo. Durante la noche el viento amainó considerablemente y seguimos ganando sur. A la mañana teníamos la zona de bajas presiones a unas 100 millas por la popa. Ese día navegamos más de 160 millas dirección Sur. Estábamos muy contentos.

Judith se fue a dormir pues ella había hecho la última guardia de 4 horas y estaba muy cansada. Icé el genaker yo solo. Nuestra “ballena alegre” como llamamos a nuestro velero el JU se deslizaba ahora a unos 6 nudos con un aparente de 10 nudos… Se podía sentir la corriente que nos impulsaba. A las dos horas el viento empezó a subir y yo empecé a emocionarme. Navegábamos a 7,5 nudos, luego a 8 hasta llegar a los 8.5 casi sostenidos. El JU desplaza 16 toneladas, que no es poco para un 42 pies y las olas que generaba rugían como nunca. Pero el viento ya andaba cerca de los 25 kts reales y esto era demasiado para toda la mayor y el genaker. Pensé un par de veces en avisar a Judith y arriar el genaker, pero estaba tan excitado con la velocidad del JU que no veía el momento de hacerlo y… una ráfaga de viento llevo al velero a orzar irremediablemente. Como la noche había sido suave las ventanas laterales seguían abiertas y empezaron a embarcar agua mientras yo gritaba: JUDITH SUBE, CORRE, VAMOS, SUBE!!!

A todo esto, Aleix que ya llevaba el chaleco salvavidas y estaba atado a la línea de vida, se agarró fuertemente a una de las cornamusas de babor sin decir ni una palabra.

Judith salió y agarro la caña mientras yo soltaba la escota del genaker. El velero adrizó su posición al momento y pude ir a proa para bajar el calcetín (funda del genaker). Para que éste bajara, tenia que dar grandes saltos hacia arriba y agarrar el cabo y de éste modo utilizar todo el peso de mi cuerpo. Las manos me quemaban. Lo conseguimos!!! Lo bajamos a cubierta. Recuperamos el rumbo y también el aliento. Empezamos a hacer una revisión de los posibles daños: Libros mojados, la harina y el pan también. Unas cuantas cosas por el suelo y algunos armarios de la cocina con agua pero por suerte no se rompió nada!

Aleix se comporto como un auténtico marinero sin molestar ni quejarse durante toda la maniobra. Judith y yo decidimos en ese momento ascenderlo de grumete a marinero.

    

Fue sin duda un toque de atención para recordarnos que las cosas en el mar hay que hacerlas a la primera señal, cuando el instinto o el barco te lo dicen.

A las dos horas aprox. el viento bajo a 20 nudos pero rolando constantemente lo que nos obligo a hacer unos cuantos bordos para ganar millas en dirección Galápagos.

Nos quedamos sin viento de nuevo y recorrimos las ultimas 150 millas a motor.

 

 

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