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Solo mar y cielo.

Rumbo Marquesas

Tiene que haber mucho amor para navegar en familia. Aprendes a tener una paciencia infinita. Todo va sumado, el esfuerzo del día a día, con el cansancio que se va acumulando ya sea con viento o en calma, con frío o calor, con sol o lloviendo, con tormentas y roturas de velas.

Saliendo de Galápagos el viento no nos acompaña y ponemos motor para salir de las aguas de Ecuador.Los primeros días tuvimos muy poco viento, eso desespera. Había más olas que viento y ese movimiento del velero me marea. Voy haciendo todo lo que puedo, pero la verdad es que todo me resulta un sobre esfuerzo. Marc que me conoce a la perfección me dice que me relaje. Poco a poco me pongo pequeños retos. Como Cocinar platos sencillos para la tripulación y así me siento mejor. Voy saliendo muy a menudo fuera y miro el horizonte. Mi estrategia es sentirme útil y repetirme que puedo superarlo. Respiro profundamente antes de hacer cualquier paso, me concentro y para adelante.

La base es la compresión y amor que recibo por parte de Marc que me deja descansar para recuperarme. Pasan unos días y ya estoy totalmente “marinizada”.

El viento nos lleva hacia el Sur, a la zona de los Doldrums. Es una zona de tormentas muy peligrosa reportada en varios libros que hablan de la navegación en el Pacifico Sur. Al salir de las Galápagos queremos ganar Sur para tener más viento, pero también ganar Este para evitar esta zona. Aunque la zona esta claramente delimitada en la carta náutica, ésta puede extenderse o cambiar de zona.

Estamos en el 4 día de navegación y el velero va 3knts. Tenemos que ir ajustando velas, Trinqueta y la Genova constantemente para poder aprovechar al máximo el viento.Hacemos cada día unas 100 millas de media aproximadamente, aunque varios días que no superábamos las 40, 50 Nm .

El capitán decide poner el Genaker ya que el viento nos viene por popa a 120º, la vela perfecta en este momento.

Estamos los 3 en la bañera cuando de repente… ¡Bummmmmm! ¡Un ruido terrible y vemos desplomarse nuestro Genaker. Rápidamente Marc y yo saltamos de un bote para recogerla del mar… ¡Que fastidio! ¡Se ha roto el puño de driza! Imposible de reparar a bordo. Nos tenemos que olvidar de esta vela hasta que lleguemos a tierra y encontremos un profesional que tenga una maquina de coser velas. No sirve de nada ponerse de mal humor… pero en un principio nos entra rabia y impotencia. Es una vela para vientos portantes y nuestro velero JU navegaba como los ángeles. Ponemos la Genova.

Cada día que pasa nos sentimos más cansados. Aprendes a comer menos cantidad y más a menudo, es lo que nos pide el cuerpo navegando. Te pones flaco pero fuerte. El va y ven de los olas constantes hacen que te vayas balanceando de una manera natural. Hasta que llega esa ola que te desequilibra, justo cuando te empiezas a relajar, pierdes un poco el control y te sujetas donde puedas. Los movimientos para andar son lentos y seguros. La fatiga va más cada día que pasa. Aún cuando estás durmiendo tienes el oído en alerta.

Las guardias en el Pacífico Sur consta sobretodo en visionar las tormentas, los cambios de viento, cazar velas o recogerlas. Porque barcos a la vista… nada de nada.

El capitán esta agotado. Esta haciendo casi todas las guardias nocturnas. Justo cuando me toca mi guardia, la navegación se complica. Marc continua su guardia. Tenemos vientos muy irregulares, con tormentas y cambios de rumbo constantes. Sufrimos mucho por la velas. Hacemos bordos constantemente dónde nos lleva el viento.

Estamos cada vez más cerca de los Doldrums…

Son las 3:00h a.m.. Marc me despierta para mi guardia porque no puede más con su alma. Necesita descansar ni que sea un ratito. Una noche bien iluminada con la luna casi llena, con tormentas y rayos. A nuestro babor veía como chispeaban varios rayos pero estaban lejos. Lo que más me preocupaba eran las nubes negras e inmensas a estribor. En estos momentos te sientes pequeño y insignificante. Esa guardia tuve los ojos clavados en el cielo, de pie para observar el mínimo cambio. El cielo lleno de estrellas y de repente vi una estrella fugaz. Mi deseo, sin dudarlo que llegáramos a buen puerto sanos y a salvo. Nuestro velero fue esquivando las tormentas durante casi toda esa noche. La luna, que llevaba oculta detrás de las nubes un buen rato, apareció de nuevo.

¡Miro hacia mi derecha y… DIOS! ¡¡En mi vida había visto una cosa como ésta!! Parecían las cordilleras del Himalaya hecha de nubes negras de más de 30km. Nuestro radar, que tiene un alcance de 16 Nm indicaba todo el lado de estribor como una gran mancha negra. Llevamos años viviendo en el barco y hemos pasado unas cuantas tormentas. ¡Pero como está! ¡Jamás!

Solo pasaron 2 horas y las nubes amenazantes se fueron volviendo más grandes, se acoplaban unas a otras y ahora ya en la proa del JU y muy cerca, a penas un par de millas. Momento de avisar al capitán. Rizamos la mayor, recogimos la Genova y dejamos la Trinqueta. De golpe el viento se puso de proa (delante del barco). ¡Motor en marcha para escapar! Dejamos la borrasca por los pelos! Apenas 30 minutos después el JU empezó a deslizarse a 7Knts con viento del Sur dirección Fatu Hiva, Las Marquesas. Como dice Aleix ” ¡¡las olas estaban contentas!!” ¡Bufffffff! ¡Que mal rato pasé!

 

 

Día 8 de abril, Marc hace la revisión rutinaria por la mañana y se da cuenta que en la vela mayor, que es enrollable, se ha pellizcado formando un churro fuera del enrollable. Eso es peligroso porque si queremos rizar o poner más vela con vientos más fuertes la maniobra se puede complicar y romper vela.

Vamos a 7 Knts y hay mucha ola. Marc me dice que nos pongamos manos a la obra. Ahora es un buen momento, antes de que el viento suba más. Cerramos todas las escotillas, le digo a Aleix que vamos ha hacer la maniobra y lo rodeo de cojines en el interior del camarote. El está jugando tranquilo.

 

 

Yo a la caña aproando el velero para que Marc pueda quitar la vela Mayor y intentar colocarla en su sitio. ¡El barco se mueve considerablemente pero puedo mantenerlo con una punta de gas, la proa al viento.

Marc hace una serie de maniobras con tirando del enrollable para, primero enrollarla y que desaparezca el churro dentro del palo, y luego saca la vela manteniendo la tensión en el enrollador. De este modo consiguió sacar toda la vela y después volver a rizar. ¡Bufffff! Menos mal!

Nos miramos y sonreímos.

Esa misma tarde tuvimos una inmensa alegría cuando oímos el ruido de los cascabeles de la caña de pescar que tenemos puesta en todo momento. Marc y Aleix fueron hacia la popa del barco inmediatamente para coger la línea e ir recogiéndola poco a poco. Rizamos velas para ir más despacio aunque el barco seguía a algo más de 4 Knts. Marc iba diciendo que pesaba mucho y que tenia mucha fuerza… Aleix y yo estábamos muy atentos. En el último momento cogí la caña de pescar, peleando muy duro con el pez para que no se escapara, mientras Marc tenía el gancho en la mano para sacarlo. Cuando vi lo grande que era, solo pensaba en que Marc no se cayera al agua subiéndolo.

¡¡Wuaauuuuu!!! ¡Que alegría! Pescamos un Wahoo de unos 35 kg que media aproximadamente 1.60 m de altura. Marc Estuvo 45 minutos de dura batalla. ¡Aleix se emocionó! ¡Empezó a decir que habíamos pescado el rey de los peces voladores! Jajajaja… No se porque volador, pero lo que si tenía razón es que podía ser un rey por su gran tamaño.

 

 

Felices y agradecidos al mar ya que hacía muchos días que no comíamos pescado. Limpio, fileteado sin espinas y sin piel y al congelador del JU. Comimos wahoo de diferentes maneras durante la travesía. Carpaccio de wahoo, wahoo en deditos rebozados, wahoo a la plancha, wahoo con salsa de setas con patatas, wahoo en croquetas, wahoo en sushi.

La comida a bordo es una parte fundamental para nosotros. Disfrutamos comiendo y nos gusta cocinar. Poco a poco la comida fresca se va terminando. Lo que en tierra podría ser un alimento normal, en medio del Pacífico se convierto en un manjar exquisito. Tenemos crisis de huevos. Marc y yo nos cortamos a la hora de comer huevos para que Aleix tenga su buena ración. Pero a llegado un momento que ya sufrimos porque se pasen los huevos y se echen a perder. ¡Esa mañana decidimos hacer una deliciosa y simple tortilla a la francesa.

El pan, sin duda es fundamental para vivir a bordo. Marc aprendió ha hacer pan en el Caribe. El Pan que hace es una delicia. Es una mezcla de varias recetas de amigos transmundistas que nos fuimos encontrando a lo largo de nuestro viaje. ¡¡Cuando hace pan, Aleix y yo saltamos de alegría!!

Tengo un tesoro a bordo, capitán, cocinero, panadero y pescador. Que más puedo pedir…

 

 

Hace una semana que los vientos portantes los Aliseos nos han abandonado. Tenemos una brisa muy suave de 6knts aparentes. Velocidad del velero Ju a 3 Knts. Estamos en la mitad en millas de nuestro destino. Fatu Hiva, Las Marquesas. Es muy desesperante. Las velas no pueden aguantar está miseria de brisa que las hace flamear. Vamos con el Tangon en la Genova y una contra en la Mayor. Constantemente de día y de noche tocamos el rumbo para coger el máximo viento posible. Marc y yo nos vamos dando ánimos. Con algunos intervalos de mal humor que los vamos superando con mucha complicidad. ¡No estamos navegando! ¡Estamos flotando! Cada día estamos más cansados y tenemos ganas de llegar. Es una navegación muy poco agradecida. El viento no es constante, es flojo y racheado.

En cambio Aleix es el que mejor lo lleva. Duerme sus 10 horas diarias seguidas. No se marea. Para él es un juego constante. El barco sube y baja. Juega con el equilibrio. Se inventa un sin fin de historias imaginarias mezcladas con el mar, dragones, peces, lobos marinos, ballenas, olas, nubes y todos son sus amigos. Habla con el viento y le pide que venga un poquito más. Cada día dibujamos, coloreamos y aprende los números y letras. Así poco a poco va adquiriendo más agilidad con el lápiz. Por la tarde acabamos jugando al parchís en familia y algún otro juego, cuando el tiempo nos lo permite. Tenemos una bola del mundo dónde le vamos explicando el recorrido que estamos haciendo. El disfruta de la pesca, de la comida, y de la navegación. Marc y yo estamos muy sorprendidos con nuestro grumete. Durante los 25 días que duró la travesía, Aleix nunca nos preguntó cuanto faltaba para llegar. Siempre muy consciente de que era un viaje largo.

La última guardia de la noche es fantástica. Ver amanecer el sol gradualmente es todo un espectáculo. Y más maravilloso es que mi hijo se despierte, me dé un beso de buenos días y nos estiremos juntitos en la bañera con una mantita.

Solo mar y cielo. Compartiendo, tan sencillo y gratificante. Este recuerdo lo guardo para siempre.

 

 

 

 

Jueves 20 de abril, hacemos un bordo y Marc se da cuenta que la Genova está rota justo por la banda solar. Afortunadamente no se ha abierto del todo pero hay que quitarla. Eso nos da un bajón. Nos hemos quedado sin velas portantes. Eso nos hará avanzar muy lentamente. Tienes una sensación de total impotencia. Marc se enfada consigo mismo. Como buen capitán, se siente el máximo responsable. Yo lo animo, le digo que seguro que encontrará una solución. Y si no, tardaremos más tiempo, pero llegaremos. Pasamos una noche infernal, solo vamos con la Mayor y la Trinqueta. El movimiento del barco es muy incómodo. Nos falta trapo. Hablo mucho con Marc para que se recuperé. Entre que está muy cansado y que tenemos 2 velas rotas está un poco desanimado. Se pasa otra noche sin dormir y no para de pensar como poder arreglar las velas.

Viernes 21 de abril del 2017, por la mañana Marc quiere intentar hacer un invento con el Genaker. Dos noches seguidas sin dormir dan mucho que pensar. Taladro en mano, remachadora, algunos tornillos y algunas cintas cortadas del toldo y empezamos a hacer agujeros en el puño. ¡Parece que funciona! Nos falta una arandela. Con una moneda de Dólar, le hace un agujero y listo!…jajajaja. ¡Yo le digo que es McGiber!

¡¡Cruzamos los dedos. Maniobramos para poner el Genaker y… Super!! ¡¡Que subidón!! ¡¡Funciona!! Volvemos a tener el control del barco y vamos a 7 Knts. Con esta reparación, el JU pudo navegar más de 400 millas.

 

 

25 de abril, vemos fragatas, señal de que hay tierra cerca.

26 de abril, 4 knts de velocidad. Poco viento de nuevo. De repente, por la noche un ruido terrible! Tanto que el palo del barco se mueve. Marc esta de guardia y yo salto de la cama para salir. Revisamos todo y no vemos nada… iluminamos la mar pensando que quizás hemos golpeado un tronco enorme o el cuerpo de una ballena pero no vemos nada. No fue hasta por la mañana que pudimos ver que un stay corto se había roto. Se ve que es bastante típico romper stays cortos en el Océano Pacífico con este va y ven de las diferentes olas que se juntan en esta zona. La ola de los agitados mares del Sur con la ola portante de los vientos Alisios junto con el poco viento.

Marc hace otro invento para solucionar el tema del stay. Aunque el cable era nuevo, los herrajes que se sujetan a los cadenotes, no eran todos nuevos. Después de pelearse con el taladro y la pieza rota, para intentar recuperarla, se le ocurrió deslizar la tuerca del tensor hasta el final del esparrago roto para utilizarla como tope, substituyendo así, la pieza rota. Le dio poca tensión y de momento sigue ahí. Esperamos poder reparar en Tahití.

 

 

Me he dejado de explicar este día, el 11 de abril del 2017 para el final.

Fue un cumpleaños muy especial. Marc y Aleix me dejaron descansar y dormir. Para comer, un potaje de lentejas con chorizo, manitas de cerdo, zanahoria y patatas que Marc cocinó en Galápagos y congeló. Una comida muy energética que nos encanta a todos. De postre le prometí a Aleix que haría un pastel de chocolate. Es su preferido. El viento estable y suave. El velero JU tiene una navegación cómoda. Marc me regaló una pluma preciosa en la que iba pintada unos piqueros de patas azules de Galápagos, hechas por los locales. Aleix me dio una cajita hecha de concha. Dentro, un anillo de madera muy bonito, a mi estilo, y un papelito con la letra de Marc que me pedía en matrimonio. Se me cayo una lágrima. Nos dimos un beso los tres y… pura felicidad! Estar rodeada de mar, navegando y poder compartir estos momentos con tu familia.

Marc y yo hace 10 años que estamos juntos. Hemos vivido la mayor parte de nuestra relación en el barco. La convivencia es extrema. Es mi mejor amigo, compañero, amante y padre de mi hijo. Estos 25 días han sido la navegación más dura que hemos tenido nunca. Supongo que también ha influido navegar en familia, tener a Aleix con tan solo 4 años. Nos superaba la responsabilidad.

No somos perfectos, pero somos un equipo, y eso nos hace superarnos y aprender el uno del otro.

Marc lo ha dado todo, compresión, sacrificio, y amor, mucho amor. Me siento muy orgullosa de mi capitán. Eres el amor de mi vida. T’estim

 

 

 

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