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33 horas. Dos noches y un día.

Hace un año que vivimos en Bocas del Toro, Panamá. Es un pequeño paraíso rodeado de mar y de selva.

Hemos descubierto fondos marinos extraordinario y es un placer andar por sus bosques.

Decidimos este destino porque podemos combinar mar y tierra: Nuestra situación con nuestro hijo Aleix hizo que tuviéramos que buscar un sitio en tierra para vivir, mientras Marc puede trabajar con nuestro velero JU. Estamos viviendo en una típica casita Bocatoreña. Es una vivienda sin lujos muy sencilla, construida encima del mar. Es lo que más se parece a vivir en el barco. No tenemos el balanceo, pero si tenemos el sonido de las olas que me relaja o me tiene inquieta cuando Marc está embarcado. Aunque esté durmiendo puedo sentir si el mar está bravo o no… Al final creo que los que vivimos en el mar nunca bajamos la guardia del todo.

Papa e hijo botabara Velero Ju San Blas
Papa e hijo botabara Velero Ju San Blas

Aleix se desenvuelve con gran facilidad por el barco. Marc le compro una caña de pescar. Es fascinante ver como disfruta pescando… Es un aprendizaje extraordinario. Pescamos, limpiamos el pescado y luego lo cocinamos. Siempre dando las gracias al mar. Nunca pescamos si no vamos a comerlo.

Hace poco decidimos ir de vacaciones a San Blas, Panamá, fue aquí en donde todo empezó. Nuestra mayor aventura fue cuando me quedé embarazada. Por eso siempre será un lugar muy especial para nosotros.

Queríamos que Aleix pudiera disfrutar de este paraíso ahora que tiene más conciencia y recuperar por unos días, la relajada vida de San Blas, lejos del día a día.

Aleix y Trufa, Velero Ju San Blas
Aleix y Trufa, Velero Ju San Blas

Marc estudio el parte meteorológico como cada vez que nos embarcamos en alta mar. La previsión decía que podríamos cruzar hasta Guna Yala sin contratiempos…

El barco tenía un movimiento muy incómodo. La mar estaba muy desordenada por las tormentas de los días anteriores, provenientes de diferentes direcciones y levantaba olas que chocaban entre si, provocando las conocidas olas piramidales. Bonito pero incómodo a más no poder. Además, sin un viento fuerte que ayudara al barco a ir bien amurado a una banda, hacía del velero ju, una auténtica coctelera.

Aleix no paro de vomitar…y yo detrás de él. Marc intentando hacer todo lo posible para cuidarnos. Trufa, nuestra perrita al lado de Aleix dándonos calor y mimos.

Lo que me sorprendió es ver la rapidez de superación y naturalidad con la que Aleix se aclimataba a esta situación.

Cuando navegábamos sin Aleix a veces también me mareaba, pero me iba a dormir unas horitas y luego salía a la bañera como nueva, para hacer mi guardia totalmente recuperada.

Ahora con nuestro grumete a bordo, mi recuperación es casi nula… Creó que es un factor de nervios, de responsabilidad hacia él que se me hace muy difícil la remontada.

Marc, aunque no se mareé, también siente una presión familiar que antes no tenía.

Tormenta Velero Ju San Blas
Tormenta Velero Ju San Blas

La travesía duró 33 horas. Mentalmente es un maratón… Cualquier cosa que tengas que hacer, como levantarte para hacer tus necesidades, parece una odisea cuando estás mareada. El velero no para de moverse, es un balanceo irregular, las olas chocan constantemente contra el casco. Parece que hoy, la mar y el viento, no está en armonía con nuestro velero JU… Aleix estirado… yo pendiente de él por si necesita algo o quiere vomitar y ayudarlo rápidamente. No quiero que se sienta indefenso, o que caiga en pánico o simplemente se dé un golpe por querer bajar de la cama. Estamos lejos para poder entrar a algún fondeo tranquilo.

Empezamos a estar un poco deshidratados.

Vamos bebiendo a sorbitos muy pequeños una bebida isotónica.

Me siento débil, exhausta y frustrada, no puedo hacer mis guardias y ayudar a Marc.. El necesita un poco de descanso. Eso me pone aún más nerviosa. Estoy muy disgustada! Marc me tranquiliza y me dice que mi misión es Aleix; que está muy orgulloso de mí…. me siento mejor mentalmente. Navegar a veces es sacrificado. La fortaleza mental lo puede todo.

Cuando navego me siento pequeña en la inmensidad del mar. Es una lección de humildad y supervivencia.

Una vez superado te sientes fuerte y llena de vitalidad. El mar me tiene fascinada. Y nunca olvido los regalos que nos trae… momento muy especial! Nos topamos con una gran manada de delfines. He vistos muchas veces delfines, pero ese día, fue algo realmente espectacular. Se me pone la piel de gallina por la gran cantidad de ellos y por las piruetas que hacían. Por un momento nos olvidamos de concentrarnos para no volver a vomitar.

Delfines travesía Velero Ju San Blas
Delfines travesía Velero Ju San Blas

Recuerdo uno de los delfines que se puso de pie e iba marcha atrás. ¡¡Nos está saludando!! ¡¡Los otros no paraban de saltar!!! ¡¡Y venían más y más y más!! Yo le decía a Aleix que son nuestros amigos y que nos saludaban. Se emocionó mucho! Quería ir a la proa del barco para no perderse ni un detalle… Estábamos muy cansados… Aleix me dio toda la fuerza para levantarme, cogerlo, e ir a la proa con mucho cuidado y poder disfrutar de este momento tan especial. En todo momento bajo la supervisión del capitán, pues nuestro estado era casi lamentable. ¡¡Esta experiencia no tiene precio!!!

Llevábamos 1 día y una noche sin poder alimentarnos… Todo lo echábamos por la borda.

Al final el mejor sitio donde podíamos estar era fuera del barco, en la bañera, donde pasaba un poco de brisa, ya que dejó de llover y ya no nos mojábamos. Estirados los dos con Trufa. Marc iba controlando los cambios de viento, las tormentas, ajustando velas, controlando la sentina del velero y vigilando los rumbos de los buques de carga, que en esta zona, son muchos, pues han cruzado el Canal de Panamá desde el Pacífico, e inician desde la ciudad de Colon su travesía por el Atlántico.

El año pasado por esta zona donde navegábamos, un crucero choco contra un velero. Por suerte solo le rompió el mástil y los tripulantes no sufrieron ningún daño. Nunca podemos bajar la guardia! Aunque el velero tiene prioridad cuando navega a vela, nuestra experiencia nos ha hecho aprender a esquivar los buques grandes (cruceros, transportadores). Al final la ley del mar es la ley del más fuerte…

Grumete relax Velero Ju San Blas
Grumete relax Velero Ju San Blas
Manos Capitán, Velero Ju San Blas
Manos Capitán, Velero Ju San Blas

Marc, mi querido capitán y compañero de mi vida estuvo haciendo todas las guardias, sufriendo por nosotros y cuidándonos constantemente. Llegamos a Guna Yala de madrugada, a las 5:00h a.m. Tuvimos que dar un par de vueltas para poder entrar en el fondeo con las primeras luces del alba, aunque conocemos muy bien la entrada de este cayo. Siento que Aleix y yo nos relajamos…. ¡esto ya no se mueve!

Una vez fondeados Marc nos hizo una sopa de arroz. ¡¡¡Lo mejor del mundo!!! ¡¡Después de 2 días sin comer me pareció exquisito!!

Sentimos la buena energía de nuestra querida Isla de Chichime de Guna Yala.

Navegar en familia se hace muy duro. Marc y yo nos preocupamos por Aleix y eso nos tiene inquietos. Hemos descubierto una nueva percepción al navegar con nuestro hijo, de 2 años. Una sensación que nos obliga a afinar nuestros sentidos y cuidados hacia Aleix, pues él no tiene todavía la capacidad de ser autosuficiente en la navegación; un pequeño estrés añadido a las inclemencias meteorológicas. Me sorprendió gratamente la actitud de Aleix con la mala experiencia que paso. Creó que tenemos que tener paciencia y poco a poco todo irá mejor.

Paseo Velero Ju San Blas
Paseo Velero Ju San Blas
Aleix, Rosalinda y Judith, Velero Ju San Blas
Aleix, Rosalinda y Judith, Velero Ju San Blas

Todas las vivencias que nos da el mar, el velero y conocer sitios mágicos y nuevos para nosotros es una recompensa. Nos sentimos vivos!

Gracias Marc por tu fortaleza, generosidad y buena energía que das a la familia. Esto lo guardo muy dentro de mi corazón amor mío.

La aventura no para…

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